En Antioquia, durante los últimos años, los alimentos ecológicos han tenido un gran auge y se han posicionado en el mercado. Esto ha generado un incremento de la demanda y de diversos intereses para suplir la misma; sin embargo, el asunto consiste en cómo garantizar que un producto es ecológico.
Los procesos comerciales, incluidos los sitios de distribución de alimentos orgánicos o agroecológicos (término correcto en español: alimentos ecológicos) presentan a los agricultores ecológicos como modelos o pioneros que, por haber escogido este tipo de producción en vez de elegir la convencional y sus impactos negativos en el ambiente y la salud, promueven la agricultura y la agroecología. El problema radica en que estos agricultores son muy pocos y se les ha encomendado la tarea de producir los alimentos para más del 3% de la población antioqueña que los demanda, cuando sólo cuentan con 1 ha de tierra donde producir. La pregunta que surge es: ¿de dónde proviene el resto de los alimentos que se ofertan hoy como ecológicos u orgánicos en el mercado?
La demanda está aumentando y se está cubriendo, pero el interrogante permanece ¿qué tipo de productos está supliendo la demanda si los agricultores ecológicos son pocos y sus áreas productivas pequeñas? Por ejemplo, para suplir la demanda de papa o tomate en el mercado se requiere sembrar, por lo menos, 2.500m2 semanalmente. Esto equivaldría a tener mínimo 3 ha productivas en agricultura ecológica sólo para papa. Los agricultores no cuentan con estas áreas, entonces ¿de dónde procede la oferta actual? Según la legislación colombiana si un agricultor ecológico no está certificado en la resolución 187/2006, no puede vender como ecológico u orgánico. Esto indica que en Antioquia se están comercializando alimentos que no cumplen con la denominación de ecológico y, por ende, se está engañando al consumidor.
Esta misma situación se presentó hace unos 30 años en algunos países desarrollados, en donde no se podía garantizar la calidad ecológica de los alimentos promovida por las organizaciones de productores. Estas organizaciones fueron las pioneras en trabajar el tema de calidad y no los estados. En aquella época muchos agricultores empezaron a invadir el mercado con alimentos convencionales vendidos como ecológicos, lo cual obligó al estado a legislar e implementar normas que posteriormente conducirían a una regulación por medio de la certificación.
Actualmente existe una oposición entre el mercado de productos agroecológicos no certificados y el mercado de productos agroecológicos certificados. El primero acapara la oferta, no asume la responsabilidad en la trazabilidad de sus productos, es engañoso y pone en riesgo la salud de los consumidores dado que presenta productos como ecológicos cuya procedencia no se puede garantizar (si estos productos llegaran a causar perjuicios al consumidor, este mercado no se haría responsable). El segundo se somete al criterio de terceros que certifican y garantizan la trazabilidad de sus productos, pero se encuentran con productos no certificados que saturan el mercado, hacen difícil su comercialización y confunden al consumidor.
Los alimentos certificados permiten conocer al consumidor información detallada sobre las características del producto y su procedencia.