Decidir trabajar agricultura ecológica y consumir alimentos ecológicos tiene sus orígenes en nuestras experiencias personales con los impactos que la agricultura convencional intensiva y de altos insumos ha causado en nuestra salud, el medio ambiente y la diversidad económica, ambiental y social en la que nos desenvolvemos. Por lo tanto debemos cuestionar la venta en el mercado de alimentos de procedencia incierta que no son orgánicos o ecológicos y que sólo pretenden conservar un nicho de mercado con mucho potencial. Los agricultores convencionales no son consumidores de los productos que cultivan y sustentan su economía, pues son conscientes de los riesgos que implica ingerir los venenos que contienen los mismos. En vez de esto, ellos y sus familias, consumen alimentos ecológicos libres de los productos agrícolas convencionales utilizados en este tipo de agricultura. Si este es el panorama, cuando una persona adquiere alimentos convencionales y los vende como ecológicos sin asumir la responsabilidad que esto implica pone en riesgo la salud de los consumidores y la existencia misma de los agricultores ecológicos.

 

litros de
de agua

 El miedo de algunas personas a consumir hortalizas convencionales tiene su base en el uso indiscriminado de insumos agrícolas en la producción de hortalizas en las regiones productoras de Antioquia, donde se aplica más de 5 veces la cantidad de insumos requeridos. Esto está relacionado con la cantidad de agua empleada en la aplicación de pesticidas. En la agricultura convencional regulada por hectárea sólo se deberían emplear entre 100 y 650 litros, y en promedio se llega a aplicar entre 1500 y 2500 litros por hectárea.

En algunos casos como en pastos, frutales y tomates la cantidad aumenta, más cuando se usan estacionarias mal calibradas. Toda esta agua usada demanda más cantidad de insumos; además, la gran cantidad de problemas de plagas y enfermedades por las altas lluvias que se presentan en la zona demandan mayor uso de insumos tanto en cantidad como diversidad, lo cual pone en riesgo nuestra salud. Por ende, si se venden alimentos que dicen ser ecológicos y no lo son, se estaría aumentando el riesgo de que los consumidores conscientes y responsables que buscan una alimentación saludable y sostenible estén poniendo en riesgo su estilo de vida y a la vez dando un trato impropio a los productores por medio del apoyo a la contaminación del medio ambiente. Dado que la agricultura ecológica no utiliza este tipo de insumos los riesgos son mucho menores.

Estudios demuestran que tanto verduras como frutas ecológicas contienen significativamente más vitamina, magnesio, fósforo, y significativamente menos nitratos que las verduras y frutas convencionales. Aunque los alimentos ecológicos contienen menos proteínas, su calidad es mejor en contenido de aminoácidos esenciales que conforman las proteínas. En los vegetales ecológicos hay menos presencia de metales pesados que en los convencionales por debajo de los estándares establecidos, ya que en el medio natural hay metales pesados en el suelo.

Otros estudios demuestran que las espinacas ecológicas contienen menos nitratos, pero al igual que los tomates ecológicos proporcionan más vitamina C y flavonoides. Es de saber que una dieta con alto contenido de nitratos por exceso de fertilización nitrogenada puede conducir a problemas de salud, especialmente en los niños. Por todo lo anterior, ofertar alimentos ecológicos que no lo son puede aumentar el riesgo de contraer cáncer dada la ingesta de alimentos con restos de pesticidas o metales pesados. Esto, de igual manera, promueve tratos impropios a los productores y la contaminación del medio ambiente.